domingo, 4 de noviembre de 2007

Día 14 del octavo ciclo

Hoy fui al laboratorio de la clínica La Floresta. Los exámenes previos a cada sesión de quimioterapia son algo más completos y demoran más que los de la semana de descanso, en la que se trata solo de hematología. Los otros incluyen también transaminasas y creatinina. Llegamos allá pasadas las 9, con la intención de desayunar (¡siempre pendiente de la comida!) en Las Corocoras en el Parque del Este, o en Arepa Factory, a la que hace tiempo que no vamos. No contábamos con la marcha en apoyo al sí, por la que estaba cerrado el paso atravesando la Av. Francisco de Miranda.

Decidimos entonces regresarnos hacia Santa Mónica, donde hay una Arepería de 24 horas, donde alguna vez habíamos comprado arepas para llevar. La experiencia esta vez no fue tan buena. Ya no se parece tanto a lo que describe Miro Popic en su guía. Carmen pidió una arepa con cazón. El relleno no estaba tan mal, aunque un poco seco. Las arepas son grandotas y muy gruesas, y estaban algo crudas en el centro (la mía también). Yo pedí el desayuno de la casa: un huevo frito (casi cruda la yema), caraotas (para mí, le faltaba un poco de cocción, estaban firmes en lugar de cremosas), carne mechada y queso a la plancha. Los cafés (desayuno de domingo) no eran marrón claro como los pedimos sino muy oscuros, pero además de eso tenían ese cierto sabor ácido que a veces tienen los cafés de máquina mal hechos, así que pedir que le pusieran más leche no iba a resolverlo todo. Me tomé dos o tres sorbos apenas (después fuimos a una panadería donde sabía que hacen buen café para tomarme un marroncito claro y no quedarme con las ganas). Lo peor es que a la terraza donde estábamos, a ratos llegaba un olorcito de basura nada agradable. Había mucha gente, eso sí.

Pasamos por Licarch, el supermercadito de Los Chaguaramos al que vamos con frecuencia desde que Jorge y Diego estudiaban en el Colegio Aquiles Nazoa, allí cerca. Compramos una bandejita de salmón ahumado, perejil y un paquete de fettucini para preparar, evidentemente, fettucini al salmón. Necesitábamos también crema, pero lo más parecido que encontramos fue una especie de leche evaporada, que decía que tenía grasa vegetal. Por supuesto que no la compramos. Usamos una lata de leche evaporada de verdad que teníamos por ahí, y terminamos de espesar la salsa con una cucharadita de maicena (pero eso fue como a las tres de la tarde).

Antes de regresar a la casa pasamos por el supermercado de quemaítos en la Plaza Las Tres Gracias, a la salida de la Universidad Central de Venezuela. Compré (¡qué pena!) Las vidas de los otros, una película alemana, Premonition, un thriller con Sandra Bullock, La Invasión, otro thriller con Nicole Kidman, y Hairspray, donde John Travolta hace de una bailarina más que entradita en carnes.

Larga lectura de El Nacional. En la revista Todo en Domingo apareció un reportaje de Rosanna di Turi sobre Santi Santamaría, de quien Miro Popic hacía un buen elogio en Tal Cual del viernes pasado (incluí un extracto en la entrada Días 9 y 10 del octavo ciclo):
Las convicciones bien asadas de un chef tres estrellas
¿Vieron la página de su restaurant Can Fabes?

En la tarde vimos Las vidas de los otros. Nos gustó mucho, es una película bien interesante. Algo que llama mucho la atención es el hecho de que los ciudadanos alemanes tengan acceso a los expedientes que la Stasi, la policía política de Alemania Oriental, acumulaba sobre ellos. Si la película es fiel a la verdad, pueden hasta saber quiénes eran los agentes a cargo de vigilarlos, lo que pudiera permitir que alguien buscara a esos agentes para vengarse. No es lo que ocurre en la película. El final es otro, que no contaré, por supuesto. ¿Se imaginan que los venezolanos perseguidos y torturados por la Seguridad Nacional o la Digepol, tuviesen acceso a sus expedientes?

En la noche dejé listo mi paquete de medicamentos y sueros para llevar mañana a la unidad de quimioterapia.

2 comentarios:

  1. Chamo, ahi solo comi dos veces, la primera fue una delicia (una reina) y la segunda, pues fue la peor arepa que me comi en mi vida. Desde entonces, no piso ese local ni por casualidad.
    Aunque te quede lejos Gran Gu, te recomiendo por aqui por cerca de mi casa, en la esquina de Las Ibarras, como si fueras a subir al Panteon, un tipo que tiene un toldo azul, casi llegando a un banco provincial. Quemaitos igual chamo, pero este es calidad (que pena!) tiene una coleccion brutal asi que si te antojas de alguna pelicula vieja (sea lo que sea) se la pides y esperas unos 15 minutos y te la llevas de una chamo y todas vienen con su menu original!!!
    que les parece la industria del quemao en venezuela?

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  2. Sí, Tibu, para nosotros también fue la última vez.

    Tendré que pasar por ahí cuando pase cerca. Hay algunas películas viejas que me gustaría tener, y no se consiguen en Internet (cuando escribiste "aunque te quede lejos..." pensé que era otra arepera que me ibas a recomendar, je je.

    ¿La industria del quemao? funciona mucho mejor que la industria láctea, ¿no te parece?.

    Un abrazo

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Alejandro