domingo, 16 de diciembre de 2007

Día 14 del undécimo ciclo (el penúltimo)

Fuimos al laboratorio para mi examen de esta semana, después de desayunar unos pastelitos y café en una panadería cercana.

De la clínica nos dirigimos a la feria del Ateneo, a buscar unos regalitos que vimos el jueves, pero por los que no nos decidimos en aquel momento. Como abre a las 10, y llegamos a las 9:30, nos acercamos al parque Los Caobos, por el que hace mucho tiempo que no pasábamos. Al cruzar por la Plaza de Los Museos, pasamos por todo el centro, donde hay unas alcantarillas dispuestas circularmente. Dos pasos después de salir de esa zona central, oímos unos chorros de agua y al voltearnos nos dimos cuenta de que esas alcantarillas estaban allí porque el círculo central de la plaza es una fuente. ¡Estuvimos a punto de echarnos una tremenda mojada!.

Habíamos leído en el periódico que el parque había sido remodelado. No lo recorrimos todo, pero no lo encontramos especialmente en buenas condiciones. Lo que vimos está más o menos como lo recordábamos. Lo que sí nos pareció interesante fue una exposición ("Lo que el mundo come" de Peter Menzel) presentada en unos paneles fotográficos bastante grandes (unos 3 x 2 metros). Eran unos 6 paneles con grupos familiares de diferentes lugares frente a una mesa con los productos alimenticios de su dieta (recuerdo Ecuador, algún país árabe, algún país africano, Alemania, una familia negra americana). Hace falta un texto que identifique cada una de las fotos; por eso digo "algún país árabe", "algún país africano".

Luego entramos a la feria y compramos lo que habíamos visto el jueves y otras cosas más para regalar. Nos encontramos allí con una amiga ceramista y nos invitó a pasar por su puesto que está en la primera mezzanina (el primer día que fuimos no nos enteramos que había dos niveles más). Subimos y conversamos un rato con ella. Carmen compró allí un cacharrito de cerámica alusivo a la navidad. Metimos en el buzón los tickets de la entrada para unos premios que seguramente no nos ganaremos, como siempre.

Al regreso pasamos por el supermercado Luvebras para comprar verduras, plátano verde y aguacate para el hervido de pescado que íbamos a hacer. ¡Lo hicimos y quedó muy bueno! Me doy cuenta de que percibo poco el sabor ácido: el limón que le puse a mi plato de hervido lo sentí más bien amargo que ácido, y el limón estaba bueno. De todas maneras el desagrado que sentía hace como dos semanas por la comida salada se ha atenuado. Puede deberse esa mejoría a los enjuagues que he venido haciendo con Amosan. La comida no me sabe como siempre, pero me desagrada menos.

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Alejandro