domingo, 14 de marzo de 2010

Dave Barry: Un viaje a través de mi colon... y el tuyo

Ayer mi hijo Jorge me mandó este artículo que apareció en el Miami Herald. Es bastante largo, así que lo iré traduciendo en éste y los próximos dos posts:



Dave Barry: A journey into my colon -- and yours

http://www.miamiherald.com/2009/02/11/427603/dave-barry-a-journey-into-my-colon.html

Okey, ya tienes cincuenta años, sabes que se supone que te hagas una colonoscopia. Pero no te la has hecho. Estas son tus razones:
  1. Has estado muy ocupado,
  2. No hay un historial de cáncer en tu familia,
  3. No has sentido nada raro,
  4. No quieres que un médico introduzca un tubo de 5 kilómetros en tu ano.
Examinemos estas razones una por una. No, no hace falta, porque ambos sabemos que la única razón real es la N° 4. Es natural. La idea de que otro ser humano, aún un ser humano médico, pueda entrar en tu interior te produce un estremecimiento. Yo sé que es porque soy como tú, aunque tal vez peor.Nadie me gana en cobardía frente a los médicos. Me dan nauseas y me desmayo ante cualquiera de los más sencillos procedimiendos médicos, hasta hacer una cita por teléfono. Peor todavía cuando tengo que hacer contacto directo con la profesión médica: más de un consultorio médico tiene una abolladura en el piso causada por mi frente segundos después de que me hayan aplicado una inyección.

En 1997, al cumplir cincuenta años, todos me dijeron que debía hacerme una colonoscopia. Yo estuve de acuerdo en que debía hacérmela, pero no de inmediato. Siguiendo esta política, llegué a los 55 sin habérmela hecho. Entonces hice algo tan vergonzoso que la verdad es que me apena contarlo. Lo que pasó fue que llegó a Miami Beach una réplica de un colon de 15 metros. Se trata de una exposición educativa llamada el Colon Colosal, e iba en una gira nacional para promover la conciencia sobre el cáncer colorectal. La idea es que uno gatee a través del Colon Colosal y que se encuentre con varios elementos educativos allí, tales como pólipos, cáncer y hemorroides del tamaño de pelotas de volleyball, salga diciendo "¡mejor me hago chequear a ver si no tengo alguna de esas cosas!", y vaya a hacerse una colonoscopia.

Si usted es un escritor humorístico profesional, y hay un colon gigante en un radio de 100 Km, está legalmente obligado a ir a verlo. Así que me fui a Miami Beach y gatée dentro del Colon Colosal. Escribí una columna sobre él, haciendo chistes de mal gusto sobre el colon. Pero también instaba a la gente a que se hiciera una colonoscopia. Haste firmé un documento al salir del Colon Colosal, comprometiéndome a hacerme una.

Pero no me la hice. Yo era un fraude, un hipócrita, un mentiroso, prácticamente era un miembro del Congreso. Pasaron cinco años más. Cumplí 60, y todavía no me había hecho la colonoscopia. Entonces, dos semanas después, recibi un correo electrónico de mi hermano Sam, diez años menor que yo, aunque más maduro. El correo estaba dirigido a mí y a mi hermano del medio, Phil. Decía:
"Queridos hermanos:
Fui a hacerme una colonoscopia de rutina y me dieron el temido diagnóstico: cáncer. Me dijeron que se encontró temprano y que el pronóstico es muy bueno, que pueden sacarlo completamente, así que, crucemos los dedos, toquemos madera, y ya está. Por supuesto, me dijeron que advirtiera a mis hermanos que se hiciesen revisar. Imagino que ya ustedes lo habrán hecho."

Eh, bueno...
Primero llamé a Sam. Estaba esperanzado, aunque temeroso. Conversamos un rato, y cuando colgamos, llamé a mi amigo Andy Sable, gastroenterólogo, para hacer una cita para una colonoscopia. Unos días más tarde, en su consultorio, Andy me mostró un diagrama a color del colon, un órgano muy largo que se extiende y se extiende y que en algún momento pasa brevemente por Minneapolis. Andy me explicó cómo sería la colonoscopia, de una manera detallada, tranquilizadora y paciente. Yo asentí a todo, pero realmente no escuché nada de lo que me decía, porque mi cerebro me gritaba: "ÉL VA A METER UN TUBO DE 5 KM EN TU ANO".

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Alejandro